
L. Carmen Gómez · 17 de septiembre de 2026L. Carmen Gómez · September 17, 2026
Esta mañana leí el titular desde lejos, y el cuerpo reaccionó antes que la razón: disparos, un muerto, Jorge Mas Canosa Middle School en cierre de emergencia. Conozco esa escuela. He pasado frente a ella más veces de las que puedo contar. Es mi comunidad. Durante unos minutos pensé lo que piensa cualquier persona que ha vivido en el sur de la Florida desde 2018: otra vez.I read the headline from far away this morning, and my body reacted before my reason did: gunfire, one dead, Jorge Mas Canosa Middle School on emergency lockdown. I know that school. I’ve driven past it more times than I can count. It’s my community. For a few minutes I thought what anyone who has lived in South Florida since 2018 thinks: not again.
No fue otra vez. Los hechos, hasta donde las autoridades los han informado, son otros. Según la Oficina del Sheriff de Miami-Dade, un agente del Departamento de Cumplimiento de la Ley de Florida estaba dentro de su vehículo cuando un hombre se acercó y comenzó a golpear la ventana; el agente salió, hubo una pelea, el hombre lo derribó y el agente disparó. El hombre fue declarado muerto en el lugar poco después. La Oficina de Homicidios asumió la investigación, y no me corresponde adelantar su resultado. El distrito escolar explicó que el cierre se debió a actividad policial ajena a la escuela. Un hombre murió esta mañana, y eso también es luto.It wasn’t again. The facts, as far as authorities have reported them, are different. According to the Miami-Dade Sheriff’s Office, a Florida Department of Law Enforcement agent was inside his vehicle when a man approached and began pounding on the window; the agent got out, there was a struggle, the man knocked him down, and the agent fired. The man was pronounced dead at the scene shortly after. The Homicide Bureau took over the investigation, and it isn’t my place to get ahead of its findings. The school district explained that the lockdown was due to police activity unrelated to the school itself. A man died this morning, and that too is mourning.
Pero quiero detenerme en esos minutos.But I want to linger on those minutes.
En esa escuela estudian unos 1,200 niños de sexto a octavo grado. Tienen once, doce, trece años. Cuando se anuncia un cierre de emergencia, ellos no saben si el peligro está a dos cuadras o al otro lado de la puerta. Hacen lo que se les ha enseñado a hacer desde el kínder: callar, esconderse, esperar. Un estudiante contó a 7News que permanecieron encerrados un buen rato, y un padre dijo que los niños estaban ansiosos y nerviosos, igual que los adultos.About 1,200 children in sixth through eighth grade attend that school. They are eleven, twelve, thirteen years old. When an emergency lockdown is announced, they don’t know whether the danger is two blocks away or on the other side of the door. They do what they’ve been taught to do since kindergarten: stay quiet, hide, wait. One student told 7News they were locked in for quite a while, and a parent said the kids were anxious and on edge, just like the adults.
Yo conozco ese miedo. El 14 de febrero de 2018 vivía cerca de Marjory Stoneman Douglas, en Parkland. Diecisiete personas no volvieron a casa ese día. Aprendí entonces que el miedo no se va cuando se retiran las patrullas. Se queda a vivir en uno. Por eso hoy, a miles de kilómetros, me bastó leer el nombre de una escuela junto a la palabra «disparos» para volver a aquella tarde.I know that fear. On February 14, 2018, I lived near Marjory Stoneman Douglas, in Parkland. Seventeen people did not come home that day. I learned then that the fear doesn’t leave when the patrol cars do. It moves in and stays. That’s why today, thousands of kilometers away, it took only reading a school’s name next to the word «gunfire» to send me back to that afternoon.
Esa es la herida que casi nunca contamos. Llevamos la cuenta de los muertos, y debemos hacerlo. Pero no llevamos la cuenta de los niños que han pasado una mañana escondidos en un salón, preguntándose si es un simulacro o si es real. No llevamos la cuenta de los padres que manejan hacia la escuela con el teléfono en la mano y el corazón en la boca. Hemos criado a una generación entera que sabe agacharse en silencio antes de saber dividir fracciones, y lo llamamos normalidad.That is the wound we almost never count. We keep track of the dead, and we should. But we don’t keep track of the children who have spent a morning hiding in a classroom, wondering if it’s a drill or if it’s real. We don’t keep track of the parents driving to the school with the phone in one hand and their heart in their throat. We have raised an entire generation that knows how to crouch in silence before it knows how to divide fractions, and we call that normal.
Después de Parkland, la Florida hizo algo. La Ley de Seguridad Pública Marjory Stoneman Douglas de 2018 subió de 18 a 21 años la edad mínima para comprar armas largas. Fue una respuesta imperfecta, pero fue una respuesta. Desde entonces, el camino ha ido en dirección contraria. En 2023 el estado eliminó el requisito de permiso para portar un arma oculta. En 2025 un tribunal de apelaciones anuló la prohibición de portar armas a la vista. Y en enero de este año la Cámara de Representantes votó, 74 a 37, a favor de bajar otra vez la edad a 18 años; ya lo había aprobado en 2023, 2024 y 2025. Una legisladora que estuvo en Parkland la noche de la masacre dijo que cada intento vuelve a abrir la herida de las familias. Tiene razón.After Parkland, Florida did something. The 2018 Marjory Stoneman Douglas Public Safety Act raised the minimum age to buy long guns from 18 to 21. It was an imperfect response, but it was a response. Since then, the direction has reversed. In 2023 the state eliminated the permit requirement to carry a concealed weapon. In 2025 an appeals court struck down the ban on open carry. And in January of this year the House of Representatives voted, 74 to 37, to lower the age back to 18; it had already passed the same measure in 2023, 2024, and 2025. A lawmaker who was at Parkland the night of the massacre said every attempt reopens the families’ wound. She’s right.
Mientras tanto, las armas de fuego son desde 2020 la primera causa de muerte de niños y adolescentes en Estados Unidos, por encima de los accidentes de tránsito y del cáncer. Ningún otro país rico acepta esa cifra. Nosotros la aceptamos cada año con la misma fórmula: thoughts and prayers. Pensamientos y oraciones. Tres palabras que se pronuncian en lugar de hacer algo, y que ya no consuelan a nadie porque todos sabemos lo que viene después: nada.Meanwhile, firearms have been, since 2020, the leading cause of death for children and teenagers in the United States, ahead of car accidents and cancer. No other wealthy country accepts that figure. We accept it every year with the same formula: thoughts and prayers. Three words spoken in place of doing anything, words that comfort no one anymore because we all know what comes next: nothing.
Hoy los niños de Jorge Mas Canosa volvieron a casa. Todos. Escribo esa frase con alivio, y con vergüenza de que en este país sea motivo de alivio. Hoy no fue la escuela. Hoy fue a dos cuadras. Hoy el muerto fue uno y no fue un niño, y por eso mañana nadie hablará de esto.Today the children of Jorge Mas Canosa went home. All of them. I write that sentence with relief, and with shame that in this country it is something to feel relief about. Today it wasn’t the school. Today it was two blocks away. Today there was one death and it wasn’t a child’s, and that is why tomorrow no one will be talking about this.
¿Cuándo cuenta la vida de un niño? ¿Cuando ya es un nombre en una lista? ¿O cuenta también esta mañana, cuando todavía está vivo, escondido en un salón, aprendiendo que el miedo forma parte del horario escolar?When does a child’s life count? Only once it’s a name on a list? Or does it also count this morning, while it’s still alive, hiding in a classroom, learning that fear is part of the school schedule?
Hasta cuándo.How much longer.
L. Carmen Gómez
Autora de Una nación de luto / A Nation in MourningL. Carmen Gómez
Author of A Nation in Mourning

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